En defensa de (escuchar) Metállica.

Metallica.

Metallica antes de que demandarana a Napster. Todavía tenían algo de humanos aceptables.

Es cierto, uno escucha lo que está acostumbrado a escuchar, en general, excepto por ciertos melómanos adecuadamente sensibles, la mayoría de nosotros escuchamos la música impuesta por nuestro grupo social, nuestra época y, primordialmente, lo que escuchabamos mientras eramos emocionalmente más vulnerables. Lo que nos moldeo en la temprana adolescencia estéticamente lo vamos a cargar mucho tiempo, y la Música puede afectarnos a un nivel más emocional que, digamos, la indumentaria. Eso nos hace especialmente faltos de crítica con Ella.  Es una forma de arte cuyo principal efecto es ese: desarmarnos de nuestra racionalidad, y apelar directamente a sensibilidades no muy bien entendidas del todo. Cada snob/culto/intelectual/educado que conozco y está saludablemente orgulloso de escuchar primordialmente música sinfónica europea (es decir, cof,  música clásica, cof,) escuchaba ya música clásica a los 14 años o antes. Lo mismo ocurre con el Jazz. Y no es que uno no pueda aprender después a escucharlos, por supuesto que puede y lo hace. Pero algo se queda de nuestra pubertad para siempre grabado en nuestro cerebrito. Así que mis amigos cultos van a ponerse felices cuando pongan la quinta de Prokofiev y también cuando pongan Venecia de los Hombres G. Y las van a cantar, y se van a emborrachar. Y serán felices y Dios maldiga a quien los critique.

Mi caso particular es muy típico de mi medio, mi clase y mis amigotes. Soy y seré siempre metalero, no lo puedo evitar, y como buen metalaro tengo que  odiar a Metallica. Y lo hago, como personas y como músicos, especialmente ahora. Son odiosos, viejos empresarios brutales, egoistas, megamaniacos, etc. Pero, ahí te va un pro-tip: sí quieres que me ponga automáticamente de buenas en una reunión cualquiera, pon una pieza de Metallica del album negro o de Justice for All. Vas a verme sonreir, probablemente tararear, o incluso empezar un eslam con tus invitados.  No puedo evitarlo, es condicionamiento pavloviano. Es parte de mí. Dime que quieres escuchar también tú cuando estés en una reunión en mi casa y no te la estes pasando bien. Seguro hay algo que causa esa reacción o similar.

Así que ahí está: voy a hablar mal de Metallica siempre, y voy a disfrutar todavía su música. Al menos los primeros cinco o seis discos…

 

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