No es que no me guste el vino…

… pero hay algo terriblemente mal en el esfuerzo del tercer mundo por producr vino y quesos. La relación de las producciones de comida gourmet a lo largo del mundo es asimétrica, con una ventaja absurda para los países coloniales europeos y todos los demás como segundones recién llegados.

La semana pasada vi de regreso de mis vacaciones los anuncios de la Ruta del Vino y Queso en Querétaro. ¿Porqué me debería de dar disgusto que en mi país se produzca buen vino y queso? Au contrarie, mon cheri… me da mucho gusto que se haga y estoy más que dispuesto a disfrutarlo. Pero algo apesta de todas formas, y creo que para disfrutar algo también tenemos que ser al menos un poco conscientes de sus costos e implicaciones. Y lo que apesta es lo siguiente:  ¿Por dónde pasa la route de mole et pulque en Francia?

Si no me cachan, detallo: los países europeos colonialistas definieron hace ya mucho tiempo que era lo que era comer y beber bien (asimismo definieron que era vestir correctamente). Era comer, casualmente, lo que ellos ya llevaban siglos produciendo y perfeccionando. Nosotros, los colonizados, seguimos esforzándonos por estar a su altura, un poco como el niño de secu que quiere ser como el adolescente de prepa que se lo madrea, porque ese es un chingón y que chingón juega basquet. El bully de prepa no tiene porqué ver que cosas chingonas hace el bulleado y tratar de aprenderlas.

Los europeos ni siquiera pretenden tener una ruta del mole mexicano, ceviche peruano, sopa de quina boliviana, etc (Disculpen que no de ejemplos de África o Asia, no conozco lo suficiente). Los países colonizados nos esforzamos mucho por hacer quesos y vinos como los de Francia y España. Diablos, ni siquiera intentan hacer un queso Oaxaca aunque fuera de puro hipsterismo (si saben de lo contrario avísenme).

No estoy alegando que boicoteemos el vino y quesos a la europea latinoamericanos. Me parece excelente que los produzcamos y que nos salgan bien. Simplemente me daría gusto ver a algunos emprendedores alemanes tratando de hacer tortillas y tlacoyos azules que compitan en calidad (y con el mismo orgullo que nuestros vinicultores tienen) contra los que hacen las señoras hñahñu en el Valle del Mezquital. Y que vinieran a la feria gastronómica de Hidalgo a competir. Y que fuera algo que jalara más europeos, porque “que chingón hacer tortillas como las artesanales de México”.  Y que se mostrara en los folletos de turismo de Bavaria “Bienvenidos a Tlacoyenweg”. Entonces su juicio  gastronómico y el nuestro como colonizados sería un poco más simétrico.