De vuelta con lo mismo

Pues después de mas de un año de abandono regreso a escribir y regreso con un pretexto similar, voy a seguir defendiendo el alleycat, a los fixeros “ñeros” y otros tipos de ciclistas “irrespetuosos”.

No, de hecho no estoy defendiendo a esas categorías por si solas o mas bien me gustaría contextualizarlas dentro de un concepto más amplio y un poco más trascendental. No sólo por las respuestas que tuvo el artículo anterior, también por comentarios que me han hecho otros ciclistas en las calles recientemente.

Creo firmemente en que la autoridad política siempre es corrupta y que el poder corrompe a casi quien sea. Hay evidencias de que esto es así sistematicamente a lo largo de las historias y las culturas. Al parecer aquellas culturas que acotaban muy estrictamente el poder que podía acumular cualquier individuo son aquellas que tienen fama de menos corruptas, mientras que aquellas donde el poder se acumulaba en pocos individuos o instancias tienen una fama histórica de dictaduras, corruptocracias y básicamente ser el infierno en la tierra.

La rebeldía de un montón de jóvenes imberbes ( o excesivamente barbados si andan hipsterosos) puede descartarse fácilmente como un acto de inmadurez o rebeldía hormonal. Nomás que muchos de estos “jovenes” ya andamos pasados la treintena de años y no estamos ya sujetos a los cambios de personalidad propios de la adolescencia. Tenemos todas las razones del mundo para haber rechazado cualquier forma de autoridad, han demostrado en  México al menos, ser todas absoluta y profundamente corruptas.  La autoridad del tránsito no es diferente.

Además, el tráfico de la ciudad es una forma de control y violencia contra el individuo. El coche dejó de ser décadas atrás la máquina de liberación de la clase trabajadora para convertirse en una sutil pero eficaz cadena de esclavo. La obligación que la cultura capitalista gringa nos impone de tener coche propio y manejar todos los dias al trabajo se ha convertido en un infierno que nos absorbe de dos a cuatro horas de nuestro tiempo “libre” diario, nos drena de nuestros miserables salarios y nos hace sentir que sin él, no somos humanos descentes. El gobierno está perfectamente de acuerdo con eso, y sigue planeando para que los citadinos sigan usando coche con tristes “privilegios”, como segundos pisos de paga y pendejadas de ampliamiento de carriles, todos los cuales se saturan rápidamente dado que el parque vehicular sigue aumentando. Un gobierno con un mínimo de espíritu servicial ya habría hecho que el transporte público colectivo fuera la mejor forma de transporte en la ciudad de México. Por supuesto, el trabajo está encaminado en la vida  real  a hacerlo el peor y van muy bien. Porque claro, esos idiotas trabajan para Ford y Volkswagen, entidades igual de corruptas que el senado Mexicano si las hay. No para nosotros.

Los ciclistas no tenemos que considerar una realidad que no sólo no nos considera, sino nos agrede y nos violenta. Nuestra postura es una postura de lucha violenta. Nuestra guía de comportamiento tiene que ser la prudencia para con nosotros y con terceros, pero no el respeto. No se han ganado nuestro respeto. Y hemos sido tal vez excesivamente pasivos en nuestra postura, a pesar de que nos han matado a varios. No vamos a pedir perdón por eso. Nosotros vamos a cambiar la ciudad, y no el “respeto a la ley” ni el agachón uso del discurso de la “convivencia sana e inclusiva”. La ciudad tiene que cambiar para todos. Y ser más saludable para todos.

Monta o muere.

 

 

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